Mi camino está guiado por la Musa Clío, un estrecho largo y extenso que tiene como finalidad la búsqueda de la verdad. Una verdad inexorabel, tácita y vislumbradora. Muchos adjetivos pueden definirla, pero ¿Cómo encontrarla, será posible hallarla? Sócrates decía que la verdad se encontraba en la sabiduría. La sabiduría que logra alimentar el espirítu, el alma de pureza y bienestar, aquella que enarbola la bandera de la justicia y le equidad. Elimina los vicios de la ignorancia, con su radiante luz de conocimiento ¿Cómo llegar a la sabiduría? actuando con el bien, honor, nobleza y amor. Eliminar la hipocresía, la falsedad, las malas acciones, la obseción y otros aspectos morales más.
Un camino complicado, no sólo por la dificultad que presenta caminarlo, sino también labrarlo. La falsedad se refleja en la vida misma, en mi respiración, en el espectaculo fugaz que rodea mi naturaleza. Aquellos que prometieron la fidelidad como una bandera ondeando en su mástíl, se derribó con el soplo del viento. El buen juicio tiende a perderse en la esperanza, porque aquella permite caer cualquier acción de buena voluntad. Esa terrible, deseable y añorada espera de algo que no existe y sólo se convierte en nostalgía, en un vacio profundo.
Quisiera ser un partero de almas, utilizar aquel método que nace de la sabiduría llamada Mayéutica, pero no lo he logrado ¿Cómo hago para parir una alma, cuando ni siquiera la mía ha nacido o ha dado a luz? ¿Acaso soy un hombre sabio, es decir puedo acercarme a la verdad? ¿Será que mi labor es hacer lo correcto? ¿Qué es lo correcto? No lo sé, parece que mi bandera comienza a desplomarse en el ancho mar en búsqueda del vellocino de oro. Esta interminable aventura que pretende indagar en torno de aquel precioso tesoro que llamaremos sabiduría. Aún parece que la edad y la experiencia liberará aquella virtud humana que nos encamina a la verdad.
Lo oscuro de nuestro entorno, la muerte inevitable del alma y la niebla brumosa siguen posandose en mi horizonte. No sé a dónde dirigirme y saber si realmente mi buen juicio me guía a lo correcto. Pero, todavía el alrededor presenta muchas incertidumbres, porque no se alcanza a ver con claridad el suelo que se pisa. Todo esto parece un sueño, un proceso orínico eterno. Sin embargo, en algunas ocasiones parece ser más un insonmio profundo, donde no se cierran los ojos, no reposa el cuerpo y lo píes no dejan de andar. Parece un estadio inevitable, un camino sin fin.
Claro esta que no debe haber resignación. Se debe luchar por la verdad, lo correcto y la sabiduría, no desde un punto moral, sino desde la perspectiva del conocimiento. Aún falta mucho que caminar, sin embargo cada paso es vital para elevarnos en los cenáculos de la sabiduría. El trazo parece infinito, interminable y a la vez azaroso, aunque sin ser fatalista, sino del realista. Sí es necesario volar, se utilizaran las alas; si es necesario caminar, se emplearán los píes; si es necesario trabajar, se ejecutarán las manos y si es necesario pensar, se usará la verdad. Todo ello con el fin de encontrar el camino de la sabiduria... ¿Qué más se necesita?
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