jueves, 22 de marzo de 2012

Un paso más...

Enterrar el pasado, sepultar a los muertos y olvidar que alguna vez sucedió, es una cualidad que muchos seres humanos solemos hacer. Es como caerse en una zanja y volverse a levantar, sólo basta con sacudirse el polvo, limpiarse las raspaduras, curarse alguna herida o sobarse algún moreton. Se oye y se escribe fácil, pero no lo es. Recuerdo que en una ocasión leí un texto sobre la perseverancia, una frase en particular ha sido recordada por un sabio amigo cada vez que me saluda, "sacudete y pisa". Sólo palabras, frases al aire y una repetición constante, su significado es amplio, pero de qué manera hacerlo. Creo que el olvido es un error, y más aún cuando en mi andar se encuetra Clío y me obliga mirar a mi espalda. Vivir la historia, así lo alude Lucien Febvre en sus Combates por la Historia, ya que somos una pieza de ese pasado en el momento que somo concientes de él. Somos transeúntes que recorremos cada una de las piezas de ese rompecabezas interminable, con el fin de completar lo incógnito del pasado. Aunque no debemos olvidar algo "la incomprensión del presente nace de la ignorancia del pasado", así verso Marco Bloch en torno a la historia, pero, aseguro, que también en la vida de cada hombre que es parte de un tiempo y de un pensamiento. 
He optado por no olvidar, ni enterra nada y no mucho menos decir que nada paso; que sólo fue un mal rato, porque no fue así. Es una de las piezas más importantes de mi propio rompecabezas. La que me hizo amar, gozar, reir, llorar, sufrir, sentir y otros sentimientos y pasiones que no alcanzo a describir. Sin embargo, al intentar olvidar y enterrar aquel recuerdo, sangre nuevamente brotó de mis heridas y como ponzoña invadió otros seres. Aquella ponzoña se convirtió en lastima, mi propia lastima reflejada en otro ser, en otro sentimiento y en otro humano. Tales fue la situación que el olvido y la lastima sólo ocasionaron daños colaterales que aún cuestan sanar. Miedos que aparecían en mi memoría, en mi conciencia y en la profundidad de mi ser, se materializaron ¿Por qué no sucedio? es lo que hoy me interrogo. La vida es grande y me dió una segunda oportunidad para continuar. 
En estos nuevos pasajes, experimento extrañas sensaciones y algunas acciones que me llevan a reflexión en torno a la moral. Entre lo correcto y lo incorrecto. El bien y mal. El amor o la pasión. Complicado clarificar ideas. Ya que siempre he buscado lo que para mi es correcto, lo digno y no este plagado de engaños. El temor me invade en algunos instantes, porque su tiempo ha sido corto y no me gustaría coartarle su vida, pero lo único que puedo hacer es cuidarnos mutuamente, claro con prudencia y templanza. Me gustaría que alcanzara todos los sueños que yo he intentado alcanzar, espero así sea. Le plugo a la vida para que la lleve a ese camino. Aunque ¿Qué pasararía si llego al engaño? Es una traición imperdonable, sin embargo la tentación es más. Sí fuera un católico, pregonaría la bondad y no me dejaría llevar por la tentación, pero no es así, porque soy un humano, no un dios. 

miércoles, 7 de marzo de 2012

Disertación....

Mi camino está guiado por la Musa Clío, un estrecho largo y extenso que tiene como finalidad la búsqueda de la verdad. Una verdad inexorabel, tácita y vislumbradora. Muchos adjetivos pueden definirla, pero ¿Cómo encontrarla, será posible hallarla? Sócrates decía que la verdad se encontraba en la sabiduría. La sabiduría que logra alimentar el espirítu, el alma de pureza y bienestar, aquella que enarbola la bandera de la justicia y le equidad. Elimina los vicios de la ignorancia, con su radiante luz de conocimiento ¿Cómo llegar a la sabiduría? actuando con el bien, honor, nobleza y amor. Eliminar la hipocresía, la falsedad, las malas acciones, la obseción y otros aspectos morales más. 
Un camino complicado, no sólo por la dificultad que presenta caminarlo, sino también  labrarlo. La falsedad se refleja en la vida misma, en mi respiración, en el espectaculo fugaz que rodea mi naturaleza. Aquellos que prometieron la fidelidad como una bandera ondeando en su mástíl, se derribó con el soplo del viento. El buen juicio tiende a perderse en la esperanza, porque aquella permite caer cualquier acción de buena voluntad. Esa terrible, deseable y añorada espera de algo que no existe y sólo se convierte en nostalgía, en un vacio profundo. 
Quisiera ser un partero de almas, utilizar aquel método que nace de la sabiduría llamada Mayéutica, pero no lo he logrado ¿Cómo hago para parir una alma, cuando ni siquiera la mía ha nacido o ha dado a luz? ¿Acaso soy un hombre sabio, es decir puedo acercarme a la verdad? ¿Será que mi labor es hacer lo correcto? ¿Qué es lo correcto? No lo sé, parece que mi bandera comienza a desplomarse en el ancho mar en búsqueda del vellocino de oro. Esta interminable aventura que pretende indagar en torno de aquel precioso tesoro que llamaremos sabiduría. Aún parece que la edad y la experiencia liberará aquella virtud humana que nos encamina a la verdad. 
Lo oscuro de nuestro entorno, la muerte inevitable del alma y la niebla brumosa siguen posandose en mi horizonte. No sé a dónde dirigirme y saber si realmente mi buen juicio me guía a lo correcto. Pero, todavía el alrededor presenta muchas incertidumbres, porque no se alcanza a ver con claridad el suelo que se pisa. Todo esto parece un sueño, un proceso orínico eterno. Sin embargo, en algunas ocasiones parece ser más un insonmio profundo, donde no se cierran los ojos, no reposa el cuerpo y lo píes no dejan de andar. Parece un estadio inevitable, un camino sin fin.
Claro esta que no debe haber resignación. Se debe luchar por la verdad, lo correcto y la sabiduría, no desde un punto moral, sino desde la perspectiva del conocimiento. Aún falta mucho que caminar, sin embargo cada paso es vital para elevarnos en los cenáculos de la sabiduría. El trazo parece infinito, interminable y a la vez azaroso, aunque sin ser fatalista, sino del realista. Sí es necesario volar, se utilizaran las alas; si es necesario caminar, se emplearán los píes; si es necesario trabajar, se ejecutarán las manos y si es necesario pensar, se usará la verdad. Todo ello con el fin de encontrar el camino de la sabiduria... ¿Qué más se necesita?